Hoy hice conciencia de lo natural que es para mi el café de la mañana, es tan automática la forma en la que hay una rutina silenciosa en la que llego a la oficina, saco mi taza del cajon y camino unos pasos hasta la maquina y elijo expresso largo, saludo a un par de personas y vuelvo a presionar expresso largo; soplo y aparto un poco de espuma antes de unir mis labios al borde caliente de la taza y disfruto de ese aroma y ese sabor que me hacen sentirme vivo, cada taza de cae es distinta, intente colocar en letras una rutina inexistente, procure inventarme una atmosfera de cotidianidad y rutina pero no es posible, cada mañana la taza de cafe tiene un horario y un ritual distinto, nada es planificado, nada es igual y eso me gusta, soy un animal de costumbres, y en mi cabeza no concibe empezar a trabajar sin la taza de café de la mañana, ese soplo de sabor y conexión con la vida.
Es la nostalgia diaria, el recuerdo a tradición familiar, el sentir el hogar que me acompaña todo dentro de una taza.